¿Siempre tienes una excusa? (Las personas que no pueden sanar).

Todos nos hemos encontrado tomando café con una amiga que de pronto nos deja ver su impotencia ante un hábito que le hace daño y que no consigue abandonar… o nos hemos sentido incapaces de modificar un esquema que está acericando profundamente nuestras relaciones más importantes.

Dependiendo del grado en que esto afecte tu vida, podrías estar a punto de quedar atrapada en el campo de “las personas que no pueden sanar”.

Hay una diferencia de grados entre una persona pillada por una fidelidad… y una persona que no quiere o no puede sanar.

Lo primero que es importante para que el resto de la lectura te sirva de algo es revisar el nivel de incomodidad que te produce esta idea: cuando el concepto de personas que no quieren sanar más nos incomoda, es cuando más cerca estamos de este grupo a nivel de resonancia.

En alguna oportunidad te he explicado esto de los campos de energía, así que no voy a detenerme hoy en esto.

Pero si te quiero recordar que cualquier campo que puedas imaginar, tiene un opuesto.

De manera que cuando una persona tiene el impulso de encontrar respuestas para su desarrollo personal, tienes total garantía de que existe al menos otra persona que con la misma intensidad va a evitar cualquier tipo de respuesta que le quite del lugar en donde está.

La realidad es que no va tanto de personas, como de grupos de personas que arrastradas por la resonancia se colocan en determinada frecuencia.

Si esto te parece enrevesado, te animo a intentar visualizar o sentir el concepto de tendencias, o movimientos (¿Recuerdas cuando hace unos años tantísimas personas se sentían atraídas por el movimiento New Age?

Muchas no tenían claro de que se trataba… pero todo el mundo lo mencionaba… ¿por qué?).

Entonces… cuanto más potente es el movimiento en determinada dirección… más resistente es el movimiento justamente opuesto.

secreto¿Ahora me sigues?

(Si has asistido a alguno de mis talleres de Reiki Sistémico® ya hemos profundizado en el tema tan importante del movimiento compensatorio, y seguramente lo entiendes mucho mejor que la mayoría).

Prosigamos…

Lamentablemente en el caso de las personas que no quieren sanar, el entorno suele ofrecer más que nada incomprensión y resistencias.

O lo que es lo mismo: exclusión (porque es exclusión aunque sea invisible).

El mensaje subyacente cuando intentamos forzar a una persona a hacer lo que no quiere hacer es el siguiente:

– «Así no eres aceptable. Necesitas ser (o vivir) diferente»

Aunque vestido de buenas intenciones este tipo de mensaje no sólo no ayuda nada, sino que empeora las cosas para todos.

Cuando se trata de tu propio trabajo interior, es lo mismo: no es posible cambiar nada que no hayas aceptado y asumido primero. Simplemente es imposible.

A menudo nos encontramos teniendo problemas que parecen imposibles de resolver  y que sentimos que no nos representan (estallidos de ira, actitudes caprichosas e incontrolables, falta de empatía, de amor o falta de alegría…)

La mayoría de las personas intentan hacer como si no hubiera pasado nada…  hacen como si estos rasgos de su carácter no existieran… e intentan resolverlo haciendo esfuerzos para cambiar en el nivel de la conducta.

Pero fracasan una y otra vez, porque en el primer momento de distracción, estos impulsos reaparecen... a menudo cada vez con más virulencia.

Con los hábitos pasa exactamente lo mismo.

Supongo que alguna vez has escuchado a alguien (o a ti misma) decir:

– «¡Por mucho que intento dejar de fumar (o comer en exceso) no lo consigo!»

La realidad es que a un nivel subterráneo en todos los casos esto es una excusa.

Forma parte de estrategia oculta para poder seguir haciendo lo que realmente quieres hacer, y continuar en el dolor y en la inmovilidad.

La verdad es que (a un nivel profundo) si que quieres fumar, si que quieres comer demasiado y/o sí que quieres alejar a los demás de ti dinamitando tus relaciones a través de rasgos de carácter impredecibles o desagradables.

Lo hacemos porque necesitamos algo de lo que estas acciones traen como consecuencia.
Lo hacemos movidos por un impulso inconsciente que nos pone justo en el escenario que creemos necesitar o merecer.

excusasPregúntate que consigues con ese hábito o actitud. Todo lo que haces te proporciona algo.

¿Quizás culpa… quizás vergüenza… quizás aislamiento… quizás problemas de salud?

Tú lo sabes: la respuesta está dentro de ti.

Y te has vuelto una verdadera experta en ocultártelo.

¿Por qué buscas estas emociones o tu propio deterioro físico a un nivel inconsciente mientras luchas conscientemente para alcanzar la plenitud y la realización?

Ah… puede ser por muchas cosas.

Quizás gritas el grito que aquel ancestro no pudo liberar.

Quizás comes la comida que no pudo comer… o te proteges comiendo de la vulnerabilidad que nunca pudo superar.
 A veces, quieres ir con él para que no esté solo… o expiar su culpa, o su vergüenza.

Todos tenemos fidelidades: de hecho somos profundamente fieles a nuestro Sistema Familiar y constantemente nos ponemos a su servicio.

Y somos perfectamente capaces de morir en vida por él.

Las personas que no pueden sanar se han puesto al servicio para resolver algo de tal magnitud, que comprometen su destino por completo.

Y la forma de ayudarlas no intentar convencerlas, o hacer como que nada pasa: sino honrarlas profundamente.

A fin de cuentas para que tú puedas sanar tu vida, necesariamente tiene que existir esa otra persona que nunca podrá.

Y esto es lo que puedes hacer para ayudarlas: agradecerles lo que hacen aunque no lo comprendas, y sanar tú lo máximo que puedas en bien de ellas y de tu propio sistema.

Cuanto más te ordenas y te liberas tú, más oportunidades tienen ellas de despertar de su sueño.

No hay otro camino posible que esa Buena Ayuda, y en ese sentido las Constelaciones Familiares Sistémicas son una herramienta que puede hacer la diferencia para ti y para tu Sistema.

Puedes dejar tus preguntas o comentarios aquí debajo.

Que tengas un feliz presente.

Pilar Rodríguez-Castillos

Un comentario

  1. ARANTXA
    18-02-2016

    Gracias me gusto el artículo, un saludo, Arantxa

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