¿Por qué estos cambios me duelen tanto? ¿Qué puedo hacer para dejar de sentir este dolor? ¿Qué pasará en mi vida si renuncio a ser la mujer que fui y me despido de ella para siempre?

Las mujeres de nuestra edad solemos pasar en silenciosa soledad por los cambios inevitables asociados al paso del tiempo. Y esto genera mucho dolor.

Por eso hoy quiero que hablemos sobre el paso del tiempo.
Asumir el paso del tiempo es un paso importante que nos resistimos a dar. Tiene que ver con el apego a nuestra imagen de nosotras mismas y también está relacionado con el dolor que trae a nuestra vida el entrar en la etapa de invisibilidad de la que ya hemos hablado en un artículo anterior.

Realmente es una resistencia infantil que nos quita fuerza y mina nuestra identidad. Una mujer de mediana edad no se sentirá en su fuerza hasta que diga: “Esta soy yo hoy. Renuncio a intentar ser la que fui entonces. Ahora me doy cuenta de que aquello ya no pertenece a mi vida. Ha terminado.”

Esta renuncia formal garantiza un pequeño duelo. Pero ese pequeño duelo garantiza que volvemos a movernos hacia adelante.Mujer Libre

Lo bueno de reconocer y aceptar el paso del tiempo es que podemos aceptar nuestro cuerpo, nuestra nueva mirada, nuestra nueva sabiduría, nuestra nueva sexualidad, y nuestra nueva fuerza.
¡Son muchas cosas y todas maravillosas!

Ser una mujer joven es maravilloso mientras ocurre. ¡Yo recuerdo mis 30 años como el paraíso en la tierra! Me enamoré por primera vez en mi vida y me entregué por completo a una experiencia desconocida para mi: una pasión ciega y desatada.
Fue maravilloso: como todas sabéis, esas experiencias son inolvidables y uno quiere permanecer allí para siempre. De hecho ahora mismo estoy sonriendo mientras lo escribo.

Pero si la relación es real y continúa avanzando, la pasión cambiará y dará lugar a algo mucho más amplio y profundo: el buen amor… que no tiene por qué estar exento de pasión, pero en cuyo contexto la pasión ya no será “la chica de la peli”.
En esta nueva etapa, si tenemos una pareja, está claro que nuestra pareja también estará cambiando.

Y una de las cosas maravillosas de asumir nuestra nueva etapa es que dejaremos de mirarnos el ombligo y podremos mirarle y darnos cuenta (¡qué importante!) que estábamos ignorando sus procesos obsesionadas con aferrarnos a algo que ya no nos pertenece.

Asumir nuestra edad libera parte de nuestra atención que podemos dedicar a comprender que el otro también está atravesando una etapa de cambio … y le hemos dejado sólo por nuestra inaudita tozudez de mantenernos jóvenes.

Mirarle y reconocer que algo ha cambiado en los dos, y centrar el foco en acompañarnos mutuamente en el proceso de asumir los cambios y dejarlos convivir con nosotros, nos convierte en practicantes de ese buen amor en el que los michelines, la flacidez de los muslos, las patas de gallo, conviven con la experiencia, la desinhibición, las metas alcanzadas, la libertad, y la fuerza interior.

Y si no tenemos una pareja… es buena idea dejar de fingir una juventud perdida para tenerla: nadie quiere iniciar una relación con una persona llena de disonancias .

Las relaciones que se inician en la madurez, se inician desde el Adulto: nadie quiere iniciar, en la madurez, una relación con una niña frustrada y con poca conciencia de sí misma. Al menos no una relación duradera.

Pero para todo esto, es primordial mirar a la vida con mirada de hijos pequeños y honrar todo lo que nos ofrece… incluida la oportunidad de aprender de y con el paso del tiempo.
Para todo esto hay que dejar de luchar e integrar en nosotros cada una de las lecciones que vamos aprendiendo mientras nos dirigimos, moviéndonos con la vida, inexorablemente en dirección a la muerte.

Es lo que hay.
No hay otro modo.

Y no lo hay porque la felicidad alcanzada dándole la espalda a la realidad, es una felicidad superficial, ficticia, frágil… que nos inmoviliza, nos debilita y nos mantiene en el esfuerzo constante de proyectar lo que no existe para que nadie se lo crea. (Ni siquiera nosotras…)

Espero que sirva.

¡Que tengas un feliz presente!

 

Pilar Rodríguez Castillos

 

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