Íntimo y personal: las personas con ceguera ante los límites.

Muchas personas se sienten heridas de forma personal cuando en realidad sólo se les ha dado información sobre las fronteras que no estás dispuesta a traspasar. Te doy un ejemplo:

madre1Juana es una persona a la que aprecio mucho pero que no sabe diferenciar una relación personal de una relación profesional.

Entonces constantemente tengo que estarle marcando lo que no es aceptable para mi.

Para mi, como para la mayoría de las personas, una relación intima es con tres personas en el mundo y un gato. Con el resto de personas el grado de intimidad y cercanía depende del vínculo, de la sintonía y de los afectos.

Como quizás comprendas, cada vez que le tengo que decir a Juana que está traspasando los límites y que me está molestando, lo hago.

Pero cada vez que lo tengo que hacer me siento menos inclinada a sentir aprecio por ella, en mi caso porque me obliga a pasar por el mal trago de decirle a un adulto cosas que ya debería saber.

El caso es que Juana (como comprenderás es un nombre ficticio) es una buena persona: sociable, generosa y agradecida y me entristece la idea de ser radical con ella. Pero su actitud, reiterada y consistente, no sólo me molesta mucho: me obliga consistentemente a tener sentimientos incómodos y a ponerme en situaciones en las que preferiría no verme.

Permíteme que te lo explique de otro modo… porque esto me recuerda a una sensación similar.

La de cuando un niño quiere algo y no acepta un no por respuesta.

¿Has presenciado o vivido algo así alguna vez?

¿Te ha parecido lo bastante irritante?

Está muy claro que en muchas ocasiones, si sus padres son manipulables, se saldrá con la suya.

Pero tristemente, y aunque sus padres jamás lo reconocerán, con el tiempo estarán empezando a fantasear con su independencia, porque la tensión irá a más.

 

Y aquí la clave es la tensión, porque  las continuas demandas del niño añadirán demasiada “tensión estable” en su vidas.

Pero hoy aquí no nos vamos a preguntar por qué un niño actúa de esa manera: nos centraremos mejor en el desorden que se crea cuando un adulto es excesivamente demandante (de confianza, de aceptación de pertenencia, de aprobación… da igual).

Imagina: si unos padres pueden fantasear con que el niño crezca, y madure o se independice para que les deje en paz (aunque luego se les pase)… ¿puedes imaginar lo que piensan otros adultos cuando tú rebasas los límites de lo íntimo y/o personal cuando no te corresponde?

Efectivamente: generarás como mínimo desagrado, y en el peor de los casos que las personas a las que intentas aproximarte deseen huir de ti.

 

Esto ocurre porque tu imagen y tu nombre quedan anclados a la sensación desagradable y angustiosa que les creas.

Y es que a nadie le gusta tener que estar continuamente reconfigurando las distancias con otro adulto.

Entonces: para comenzar a resolver este asunto quizás te sirva comprender algo crítico.

 

Si generas este desagradable estrés en las personas que no son de tu familia o tu entorno más cercano, imagina por un momento el daño que puedes estar haciendo a las personas con las que tu vínculo es íntimo y personal.

Con toda seguridad, dado que por tu desorden no reconoces bien los límites y te sientes y en confianza, generarás sentimientos muy poco deseables en quienes te quieren y no pueden plantearse fácilmente alejarse de ti.

Mira: estas son algunas de las experiencias que nutres en ellos por tu ceguera ante los límites:

  • Angustia
  • Confusión
  • Impotencia
  • Rabia contenida
  • Tendencia a la autorepresión

Aunque afectará a todos los que se acerquen a ti, como todo los desórdenes, afectarás más a tus vínculos más cercanos. ojos manos

Ciertamente: los demás tienen la opción de escapar y la ven claramente.  Pero tus hijos, pareja, madre y padre, aunque la tienen también: en principio no querrán verla ni tomarla.

De modo que en realidad, por mucho que les quieras a todos (cercanos y menos cercanos) les estás haciendo algún grado de daño, aunque no sea en absoluto tu intención.

Y el caso es que para resolverlo sólo necesitas descubrir una cosa:

Necesitas darte cuenta de cuál es la carencia que se oculta detrás de esta “ceguera para los límites”.

Y simultáneamente comenzar a asumir ya, que las carencias no se resuelven jamás.

Exacto: jamás.

Se asumen como parte del pasado, y se deja de buscar lo que ya no existe en lugares en donde nunca han estado… ni estarán.

 

Espero que sirva.

Que tengas un feliz presente

Pilar Rodríguez-Castillos

FLECHADescubre aquí las Tertulias de la Mujer Nueva

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