Crecimiento personal: ese hombre trae un mensaje para ti.

Cuando conocí al hombre de mi vida estaba distraída. Acostumbraba a diseñar mi entorno a mi medida y nunca se me ocurrió pensar que eso podría cambiar en el futuro a través del crecimiento personal.

Pensaba que si algo no me servía, debía eliminarlo de mi vida. Y hacía esto con las cosas y con las personas. Bien es cierto que lo hacía solapadamente: ni siquiera yo misma me daba del todo cuenta de mi arrogancia. Pero si alguien se interponía entre mis objetivos y yo, por pequeños que fueran mis objetivos, hacía la corrección necesaria para poder seguir avanzando. 

A un nivel diferente, aún soy así en ciertos aspectos. Pero a muchos otros niveles, sin duda he estado ocupándome de comprender y evolucionar, porque me he dado cuenta de que no estaba en mi derecho de hacer lo que hacía y de la manera que lo hacía. Entonces hoy quiero contarte de que forma he llegado a ver lo importante que era dar este paso para mi, porque creo que puede ser de utilidad para ti.

Bien. Resulta que por entonces yo estaba entretenida sintiéndome indestructible y omnipotente, cuando conocí a aquel hombre inteligente, educado, solitario, de voz hermosa y profundos ojos tiernos. Él era, y lo supe a primera vista, todo lo opuesto a lo que proyectaba yo en aquel momento.

Creo que él veía en mi una mujer inestable y de poco fiar, pero que supongo que de alguna manera le daba algo de curiosidad aún no sé bien de que tipo. Siempre he tenido la sensación de que nos enamoramos locamente en el primer momento, pero no fue así. La que se enamoró y perdió la calma y la cabeza fui yo…

Sinceramente creo que el sólo se sintió a gusto y sorprendido de mi profunda pasión.

Y fue entonces cuando saqué toda la artillería pesada para que me prestara atención porque tras pocos contactos decidí que mi vida entera dependía de que él me mirara y dijera “Sí”.

Pronto lo hizo.

No fue fácil en absoluto porque toda la relación transcurrió a larga distancia, pero ahora mirando en perspectiva, me doy cuenta de que lo que hizo el universo fue hacerme creer que dominaba la situación, y a través de una relación difícil, entre un hombre y una mujer complejos, enseñarme a comprender mi insoportable arrogancia de los primeros años.

Y fuí realmente una bastante pésima alumna a la que le costó sangre, sudor y lágrimas aprender.

De todo esto que te cuento han pasado quince años en los que no ha habido ninguna posibilidad de vivir juntos por mucho que yo lo deseara: más allá del deseo de ambos de una vida de pareja normal, siempre había algo en medio, invisible y en cierto modo inquietante, que no nos permitía dar todos los pasos.

Así que él venía a verme o yo iba a verle, algo que a medida que eramos un poco menos jóvenes dejó de tener bastante gracia para ser algo cansado, frustrante y muchas veces irritante.

La mayoría de las personas que sabían nuestra historia no daban ni un duro por nuestra supervivencia como pareja. Y yo misma pensaba a veces , cuando nos despedíamos, que estaba desperdiciando la vida en una relación sin ninguna solidez. Pero esto era al despedirnos en el aeropuerto, cuando la tristeza me embargaba.

Pronto teníamos fecha para el próximo encuentro, y entonces me sentía radiante, ilusionada y llena de fuerza.

Tardé algún tiempo en poder reconocer que yo misma prefería y necesitaba una relación así.

Tenía todos los componentes para mi: la pasión, el misterio, el compromiso, el drama… y la libertad la hacían una relación perfectaPorque aunque no lo sabía, yo no estaba preparada para compartir mi vida con un hombre: no sabía como hacerlo. Y lo hacía francamente mal.

De modo que aquellos largos descansos de la convivencia me permitieron reflexionar y aprender. ¿No es así como se aprenden las cosas? Poco a poco y con humildad… Vivíamos juntos un par de semanas o un verano, y luego nos apartábamos para integrar lo aprendido: fue la mayor lección de crecimiento personal que he recibido de la vida.

Durante los primeros ocho o nueve años yo no hacía más que quejarme internamente, y conseguí con gran éxito sentirme realmente desgraciada. Hasta que llegué a enfermarme. Ya te hablé alguna vez de mis problemas de salud en otro artículo del blog. Aquellas profusas hemorragias eran como dejar ir la vida a borbotones.

Pero atención: no era como cuando alguien dice “quiero morir, no puedo más”. En realidad era como “me dejaré morir, si no vienes a salvarme”.

Pero el universo me respondió “Haz algo porque si no morirás. Nadie puede ayudarte”.

Entonces me di cuenta de lo que hacía y esto marcó un antes y un después.

Estaba teniendo una monumental crisis porque no podía controlar mi destino. Dicho de una forma simplista el destino se sentó en una silla y me dijo “si no me aceptas tal como soy, por mi como si te mueres ahora mismo”.

Y el Orden del Universo, y la Vida, y la Alegría… me daban la espalda y ni siquiera se interesaban por mi.

L verdad es que en aquel entonces todo en mi vida se volvió harto difícil.

Fue entonces cuando desperté y decidí aceptar vivir la vida que tuviera permiso para vivir y dejarme de tantas tonterías.

Sentada en el salón de mi pequeña casa de entonces, de la que también me quejaba internamente, me rendí por segunda vez en poco tiempo. Y decidí que estaba preparada para vivir lo que me tocara, plenamente conectada, y sin poner ninguna pega por las imperfecciones.

La primera señal fue que apareció el médico dispuesto a operarme sin mutilarme. Luego de pronto mi consulta se desbordó, mis cursos comenzaron a llenarse y mi hija pequeña, trasteando en internet, me llamó para mostrarme que había encontrado la casa perfecta para nuestra familia.

Lo era: allí vivimos hoy todos, incluído mi marido que por fin vive conmigo en España.

Este fin de semana, en un momento de relax he mirado hacia atrás y me he dado cuenta de que a pesar de haber sido una pésima alumna, lo que la Vida me ha enseñado a través de todas esas vivencias a primera vista injustas ha sido muy importante y debo estar, y realmente lo estoy, profundamente agradecida.

Y también he pensado que debía compartirlo contigo, porque creo que te puede ayudar a ahorrar tiempo y disgustos.

Creo que mi mensaje de hoy, a pesar de lo extenso del artículo, se reduce a una breve conversación interna que tuve, en mis momentos bajos, cuando él cogía el avión para Ohio y yo regresaba sola a casa, con mi tristeza a cuestas, victimizándome todo el camino, y sintiéndome tan pequeña. Te lo puedo transcribir más o menos así:

– Esto no es vida.

– ¿Serías más feliz si le abandonaras por estar lejos?

– No porque cuando vuelve no puede ser mejor.

– ¿Entonces de qué te quejas?

– No me quejo, me duele.

– Te quejas, te quejas. Y ya se que te duele. Eso es la vida. Y su regreso es la vida también. Esta es Tú Vida. Déjate de tantas tonterías y crece.

 

Espero que sirva.

Que tengas un feliz presente.

 

Pilar Rodríguez-Castillos

3 Comentarios

  1. katdevotchka
    27-04-2015

    Hermosa historia, gracias 🙂

  2. Pilar Rodriguez-Castillos
    27-04-2015

    Me alegra que sirva! ^_^

  3. Danila
    19-10-2015

    Hola Pilar,
    la verdad …al leerlo me he quedado sin palabras….nunca me lo imaginaría tan duro…
    Gracias por compartirlo.

    Danila